Aventura Vía E-mail Expedición al Avión de Los Uruguayos
Gentileza de Carlos Lanfredi (Segunda entrega)


Click para agrandar la fotoBueno, reubicándonos en el viernes 7, luego de desayunar tranquilos, salimos en una Land Rover Defender. Llevábamos nuestras bolsas de dormir y nuestro equipo individual en alforjas de tela, que posteriormente montamos sobre la montura. Nos subimos, Edgardo manejando, Mario y Bettina que iban con nosotros hasta el puesto Ibarra, distante 50 km., José (marplatense, 41 años, profesor de educación física y kinesiólogo), Fernando (odontólogo, 39 años, marplatense), Antonio 18 años, primaria, peón de campo, Julio y Marcos, ambos guías, 26 años, mendocinos., y yo. Llegamos al puesto Ibarra. Todo por camino de tierra, internándonos en el valle del Río Atuel. El paisaje cada vez se hacía más lindo. Allí ensillaron nuestros caballos. Echamos un bocado, y arrancamos con Quintín Verón a la cabeza, más un caballo carguero.
El primer paso en cruzar fue el Río Atuel, correntoso y ancho. Me moje las zapatillas, te das una idea de la profundidad. El puesto esta a unos 2.200 metros de altura. Rumbo a El Real, nuestro campamento, situado a 2.700 metros de altura. Saco mi maquina de fotos de la alforja, y se me cae una pila, por lo cual el sistema de enfoque automático queda inutilizado. Por suerte tiene otros sistemas manuales, por ejemplo mover foto a foto y rebobinado, pero por el miedo a enfocar mal las fotos, decido usar una de mis compañeros. Intente en El Real de alguna manera, con un alambre, hacer una conexión directa, pero quizá con la mitad del voltaje, tampoco funcionaría.
El paisaje empieza a ser hermoso: el cañón del Río Atuel allá abajo (por momentos a 300 metros de altura). En un momento, cuando mi caballo pisa en falso unas piedras que caen al precipicio, por desconocimiento de las habilidades de todo caballo, y pensando que se podía desbarrancar, me tiro de él, hacia la montaña, sin ningún rasguño, sin golpe, no rompí el anteojo ni el reloj. Si en ese momento llevaba colgada conmigo la maquina fotográfica, seguramente se hubiera roto. El pobre animal habrá pensado ¿que manera rara tienen estos turistas porteños de bajarse. La cuestión que me volví a subir y seguimos, viaje, de a uno en fondo, charlando. Pleno sol, ninguna nube. Llegamos a las 17 hs., armamos carpas 2 de 3. Quintín duerme a la intemperie. Chivito asado, mate, vino, Mantecol, champán, cerveza.
Duermo 6 horas. Bolsa de dormir prestada por Cecilia Micelli. Buena. Debajo cueros de oveja. Noche templada, algo de viento. La carpa no estaba ubicada en el mejor lugar, a la noche siguiente la cambiamos de lugar. En ese camino había arbustos distanciados, de 50 cm de altura. Pasamos por dos lugares, o más, donde hay piedra de yeso, o sea, de color blanco, que yo con mis anteojos veía amarillo. También por zonas de piedras de azufre, que da un olor como a levemente podrido.

Click para ver la 1ª parte de esta nota - Tercera entrega el día 30/3/2002
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DDN 02627
DDI 54-2627
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